Plaza Pública de Guatemala: periodismo de datos e impacto en la agenda noticiosa

Plaza de la Constitución de Guatemala. Foto: Flickr Rafael Amado.

Plaza de la Constitución de Guatemala. Foto: Flickr Rafael Amado

Plaza Pública es un medio digital independiente que nació en Guatemala en 2011. Desde el inicio se planteó como un proyecto de periodismo de investigación, más allá de la información de coyuntura. Además, se ha caracterizado por explorar el periodismo de datos desde esta misma postura de desarrollar historias en profundidad.

En agosto pasado Plaza Pública ganó el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa en la categoría “cobertura noticiosa de internet” por su seguimiento al juicio por genocidio y violación de derechos humanos que se llevó a cabo en 2013 contra el dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt (1982-1983) y el director de inteligencia militar de su gobierno, José Mauricio Rodríguez.

Su editor general, Enrique Naveda, habla de su experiencia con el periodismo de datos y su impacto en la agenda del país.

El periodismo de datos es un poco escaso en los medios latinoamericanos, pero Plaza Pública es una de las excepciones. ¿Cómo ha sido su experiencia con la investigación e historias de datos?

Cuando creamos Plaza Pública tuvimos muy claro que no podíamos reportar de la forma usual. Generalmente lo que ocurría era que tu llamabas a un experto que ya sabías lo que te iba a decir, le explicabas que es lo que había sucedido porque no estaba al tanto y te respondía con una frase precocinada.

Sabíamos que tampoco podíamos escoger las fuentes como tradicionalmente se escogían que era: “llama a este para tener un contrapeso a lo que te ha dicho el otro”. Queríamos buscar fuentes que no supiéramos de antemano lo que nos iban a  decir.

Eso, por un lado, se resolvía con reporteo clásico de periodismo de investigación. Y la otra parte que nos interesaba mucho era la parte de datos.  Empezamos a diseñar algunos proyectos, pero no teníamos el conocimiento adecuado para desarrollar esa área hasta que a principios de 2011 contratamos a un antropólogo experto en metodología de las ciencias sociales, y así se estuvo desarrollando esa área durante un año, con grandes éxitos y un gran fracaso.

Los grandes éxitos fueron que dijimos cosas que no se habían dicho nunca, demostramos cosas que no se habían demostrado nunca porque no había vías para acceder a cierta información o para probar ciertas conclusiones. El gran fracaso fue que el antropólogo quería escribir como científico social y era prácticamente imposible comprenderlo para cualquier otra persona. Ese fracaso lo mitigamos parcialmente haciendo traducciones, cuando él elaboraba una articulo le permitíamos hacerlo metodológicamente y uno de nosotros hacia una versión periodística de lo que él decía. Trabajó con nosotros un año y volvió a la academia.

El año pasado tuvimos un pequeño bajón porque no hubo nadie a cargo de la sección de datos. Esto no significó que muriera plenamente porque por fortuna la redacción, mucho más volcada en el área de texto que de datos, fue encontrándole gusto a incluir en sus propios textos visualizaciones a partir de trabajos documentales muy fuertes.

Este año conseguimos un editor para datos que se está haciendo cargo de alimentar y revitalizar la sección.

Además de la reportería a partir de nuevas fuentes, diferentes de las oficiales y “predecibles”; y del periodismo de datos, ¿qué otras prácticas periodísticas hacen diferente a Plaza Pública de otros medios de  Guatemala?, ¿hacen reportería a través de redes o crowdsourcing, por ejemplo?

Creo que la vertiente de datos es una que comenzamos a explotar originalmente nosotros, aunque había otros intentos obviamente. Y llamo periodismo de datos no a poner un dato solamente, sino a un proceso mucho más elaborado epistemológica y metodológicamente y que parte del análisis de las cantidades de datos para llegar a una historia. Sí estuvimos en el origen de eso, aunque haya medios que lo hacen esporádicamente.

Sobre crowdsourcing, hemos trabajado con los cables de Wikileaks y en algún momento le pedimos a nuestros usuarios que colaboraran ayudando a encontrar la información entre los cables de Guatemala y sí hubo cierta colaboración, no fue masiva, pero sí nos ayudaron a ver cosas interesantes.

En las redes sociales de vez en cuando lanzamos algún llamado para que la gente nos ayude a entender ciertos problemas, pero eso es sólo el principio de la reportería.  Nos dicen: “miren, este argumento es falso porque omite esto” o “no tiene en cuenta este dato”, y a partir de ahí nosotros empezamos a reportear y a precisar mucho más la información.

Tenemos una herramienta sobre el congreso que se nutre del scrapping, tenemos un programa que revisa la página del congreso con sus datos y va actualizando la nuestra en tiempo real, eso está todo automatizado. Es otra forma de periodismo de datos con menos intervención humana y eso a su vez hace cálculos que le dan información interesante al usuario de Plaza Pública. No hemos hecho crowdsourcing con herramientas como I Paid a Bribe, en algún momento lo pensamos pero le vimos grandes problemas a la hora de corroborar la información entonces, antes que trasladar información muy parcial o incorrecta, preferimos no hacerla. La precisión es uno de nuestros lemas.

¿Plaza Pública ha tenido algún impacto en la agenda pública de Guatemala en términos de poner temas sobre la mesa, u orientar el debate público en algún sentido, por ejemplo?

Es muy difícil decirlo y medirlo. Acá todo es tan cínico que nada tiene mucho impacto a simple vista. Dicho esto, creo que si se han logrado algunas cosas. Hemos tenido noticias de que el sector privado organizado, la Cámara del Agro, que es probablemente una de las más conservadoras del país, pasó más de un año elaborando un manual de buenas prácticas a raíz de que nosotros publicamos una investigación en que había niños por debajo de la edad laboral, trabajando en la finca del que en aquel momento era presidente de la cámara. Sabemos que ese fue un reportaje que se leyó en muchos lugares y que sacudió muchas cosas.

También sabemos que la cobertura del juicio de genocidio fue referente aquí y en el extranjero, por intensiva, por esclarecedora y porque nuestra cobertura no se  centró sólo en lo que sucedía en el juicio, si no que trato de explorar que había pasado en el terreno treinta años antes.

El año pasado también publicamos un libro acerca de la represión vinculada a la universidad pública, ese libro se vendió como nunca había visto yo, como un best seller fuera del periodismo. En un mes se había agotado la primera edición y dio pie a muchos comentarios en prensa.

Hemos introducido una serie de conceptos y relaciones que se empiezan a ver fortalecidos y más manejados, si no de forma común en todos los medios, por lo menos sí en un grupo de ciudadanos.

Sentimos también que hay nuevos grupos sociales que se sienten fortalecidos y legitimados, como defensores de derechos humanos, manifestantes, pueblos,  porque hay alguien que los considera interlocutores legítimos. El que tiene el poder es el que tiene el poder de nombrar, de decir como se llama cada cosa. Estamos intentado limitar ese poder de nombrar y distribuirlo más.

Pero dicho esto, me parece que el impacto de Plaza Pública es limitado como los recursos del medio. Somos un medio muy pequeño comparado con cualquier otro medio digital. Creo que para lo pequeños que  somos, proporcionalmente sí tenemos un impacto grande.

¿Qué “conceptos y relaciones” nuevos en particular?

Hemos tenido cierto éxito en re-tematizar la agenda. Introducir muchos temas que antes no estaban en la parrilla. Me refiero a casi todos los que tratamos: por ejemplo el racismo, la discriminación, temas de género, la organización social popular. Estos temas aparecían esporádicamente y como disfunciones, anécdotas de la vida diaria, cuando en realidad son las cosas que están moldeando el futuro del país. La gran efervescencia de movimientos y de ideas que hay fuera de la capital porque el periodismo se centraba mucho en la capital. La organización de estos movimientos.

Desde luego la relación entre la élite económica y la gente de este país y el gobierno y la organización judicial y el congreso es prácticamente no un tema tabú porque hay voces que lo mencionan, pero no es agenda de los medios. Lo ves en las columnas de opinión pero no lo ves en un reportaje, en una información. La cobertura de los bancos y de cómo los bancos se benefician de la precariedad del estado, todo ese tipo de temas.

Estamos tratando de explicar cómo Guatemala se está transformando y por qué se está transformando, en beneficio de quién y en perjuicio de quién. Estamos tratando de darnos cuenta de que Guatemala se está convirtiendo en un país minero.

Creo que hemos introducido esa dosis de análisis que bebe del historicismo que trata de explicar causas y consecuencias pero a largo plazo, que trata de comprender mucho más el sistema sin señalar a personas como culpables constantemente. Es más bien entender porque las cosas funcionan como funcionan. Es una voluntad explícita la de ser evidentemente críticos con el poder.

¿Cuál es el modelo de negocio de Plaza Pública?

No es un negocio, porque es una iniciativa sin fines de lucro. Es orgánicamente parte de la Universidad Rafael Landívar, y la universidad tampoco tiene fines de lucro y eso en cierto modo nos limita. No podemos generar ningún tipo de ingresos exceptuando las donaciones, precisamente porque todo lo que está entrando en Plaza Pública está entrando en la universidad, que no tiene fines comerciales.

La universidad nos garantiza la supervivencia: el pago de la planilla de las 15 personas que trabajan, los inmuebles, conexión a internet, teléfono, todo eso, y nos pide que ayudemos a mitigar ese gasto consiguiendo donaciones externas.

Esas donaciones se han materializado desde un primer momento de organizaciones como Open Society, del programa de medios que está en Londres y un poco más tarde de la Cooperación Holandesa. Ambos manejan con nosotros dos tipos de donaciones: aportes al proyecto para que seamos Plaza Pública y hagamos lo que queramos; y aportes por proyecto, en ese caso les decimos que queremos hacer una cobertura de algo y ellos nos apoyan con eso específicamente.

Al lado de esos dos grandes donantes hemos tenido relación con otras organizaciones de cooperación internacional por proyecto, como la fundación Friedrich Ebert de Alemania, Transparencia Internacional, y la Cooperación Sueca, entre otras.

¿Qué tan identificada tienen a su audiencia?, ¿saben quién los lee, dónde?

Acabamos de hacer una encuesta en la página web que nos dijo que más del 80% de nuestro lector era o graduado o posgraduado. En rangos de edades, y esto nos sorprendió mucho, la audiencia estaba bastante bien repartida más o menos con intervalos de 10% en los distintos rangos de edad, aunque nuestra audiencia fuerte es de los 25 a los 35 años. Nos leen un 80% desde Guatemala, pero esta audiencia varía dependiendo de las historias que publiquemos.

Estos resultados hay que matizarlos, porque esto es lo que nos dicen los lectores que entran a nuestra página. Luego están los lectores ocultos que nos leen cuando nos republican en otros medios y también los líderes sociales que van a las comunidades con nuestros textos reproducidos porque mucha gente no tiene accesos a ellos por internet.

Foto: Flickr Rafael Amado.

[Esta entrevista fue realizada el 8 de julio vía Skype. Este texto es una versión editada de la conversación completa.]

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